Salta al contingut principal

RELATO SUMERIO DEL DILUVIO


El relato sumerio del diluvio, conocido en su versión más antigua por una tablilla hallada en Nippur, es anterior al relato bíblico.

En este relato se cuenta como los annunaki castigan a los «cabezas negras» enviando una catástrofe natural, de la que se salva un cabeza negra, llamado Ziusudra, constructor de una embarcación en la que se refugiarán las diferentes especies animales. 

El tema está también presente en la literatura asiria, en donde el cabeza negra es llamado Atrahasis. El proceso de reelaboración posterior que sufren algunos textos sumerios hace que la historia del diluvio se incorpore al poema de Gilgamesh, en un episodio en que éste visita a Ziusudra en su búsqueda de la planta de la vida.

Texto sumerio del diluvio

Los primeros 37 versos con los que inicia el texto se han perdido. A partir de donde se conserva, aparece un anunaki, quien explica a los demás anunaki cómo él salvará a la humanidad de la destrucción. 

A mi Humanidad, en su destrucción, yo la re[...]
A Nintu yo remitiré el... de mis criaturas.
Yo remitiré las personas a sus instalaciones.
En las ciudades construirán los lugares consagrados a las leyes celestes. 

Y yo haré que su sombra sea reposada.
De nuestros santuarios, colocarán de nuevo los ladrillos 
en los lugares reservados, los lugares de nuestras decisiones, 
los restablecerán en los lugares consagrados. 

Dirigió el agua que apaga el fuego; estableció los ritos y las sublimes leyes celestes. Sobre la tierra él [...]; y colocó el[...]
Cuando An, Enlil, Enki y Ninhursag
hubieron formado la gente de cabeza negra,
la vegetación se desarrolló, lozana, sobre la tierra; los animales, los cuadrúpedos de la campiña, fueron creados con arte. 

Faltan 37 versos. Partiendo de los que se conserva de la segunda columna se narra como la realeza celeste descendió del cielo y fundó cinco ciudades. 

Cuando el [...] de la realeza hubo descendido del cielo, cuando la sublime tiara y el trono real hubieron descendido del cielo, cumplió con los ritos y las sublimes leyes celestes [...] Fundó las cinco ciudades en [...] lugares consagrados; pronunció sus nombres e hizo de ellos centros del culto. 

La primera de estas ciudades, Eridú, la dio a Nudimmud, el Jefe; la segunda, Bad-tibira, la dio a… la tercera, Larak, la dio a Endurbilhursag; la cuarta, Sippar, la dio a Utu, el Héroe; la quinta, Shuruppak, la dio a Sud. 

Cuando hubo proclamado el nombre de estas ciudades, y hubo hecho de ellas centros del culto, trajo […] y estableció la limpieza de los pequeños canales como [...] 

Faltan otros 37 versos de la tercera columna. Probablemente en ellas se detalla como los anunaki provocan el diluvio. Cuando el texto se hace legible, se conoce el descontento de algunos de ellos. Un anunaki, seguramente Enki, avisa a Ziusudra de lo que va acontecer. 

El diluvio [...]
Así fue convenido [...]
Entonces Nintu lloró como un […]; la celeste Inanna entonó una lamentación para su pueblo Enki tomó consejo de sí mismo.
An, Enlil, Enki y Ninhursag [...]
Los dingir del cielo y de la tierra pronunciaron los nombres de An y de Enlil. 

Entonces Ziusudra, el rey, el pashishu de [...], construyó un gigantesco [...]
Humildemente, obediente, con respeto, él [...]; ocupado cada día, constantemente él [...]; trayendo toda clase de sueños, él [...]; invocando al cielo y a la tierra, él [...] [...] los anunaki, una muralla [...]


Ziusudra, de pie a su lado, escuchó.
– «Mantente cerca de la muralla, a mi izquierda […]; cerca de la muralla, yo te diré una palabra, escucha mi palabra; presta oído a mis instrucciones:
por nuestro..., un Diluvio va a inundar las ciudades consagradas para destruir la simiente del género humano [...]
Tal es la decisión, el decreto de la asamblea de los anunaki.
Por orden de An y de Enlil […], 
Su realeza, su ley, le será puesto término».

Faltan 40 versos de la cuarta columna. En ellos debían estar las instrucciones dadas por el anunaki a Ziusudra. Éste construye un navío gigantesco con el cual salvará la vida. La continuación que se ha conservado relata cómo se desencadena el Diluvio. 

Todas las tempestades, de una violencia extraordinaria, se desencadenaron al mismo tiempo. 

En un mismo instante, el Diluvio invadió las ciudades consagradas. Cuando, durante siete días y siete noches, el Diluvio hubo barrido la tierra, y el enorme navío hubo sido bamboleado por las tempestades, sobre las aguas, Utu salió, el que dispensa la luz al cielo y a la tierra. 

Ziusudra abrió entonces una ventana de su navío enorme, y Utu, el Héroe, hizo penetrar sus rayos dentro del gigantesco navío. Ziusudra, el rey, se prosternó entonces ante Utu; el rey le inmoló un buey y sacrificó un carnero. 

An y Enlil pronunciaron: – «Soplo del cielo, soplo de la tierra», por su [...] él se tendió, y la vegetación, surgiendo de tierra, se elevó. 

Ziusudra, el rey,
se prosternó ante An y Enlil.
An y Enlil cuidaron de Ziusudra: le dieron una vida como la de un anunaki, un soplo eterno como el de un anunaki, hicieron descender para él. Entonces, Ziusudra, el rey, salvador del nombre de la vegetación y de la simiente del género humano, en la región de paso, la región de Dilmun, allí donde sale el sol, ellos le instalaron. 

Faltan 39 versos. En lo que resta de la quinta columna se relata como Ziusudra es acogido por los celestes. Ante An y Enlli recibe la «vida como un anunaki» y «el soplo eterno» y luego es transportado a Dilmun. 


FUENTE:

Samuel Noah Kramer. La historia empieza en Sumer, tr. Jaime Elias, pról. Dr. Pericot. Barcelona, Ediciones Orbis, 1985.